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Agua de pozo propio: cómo regamos 19 mil árboles

Domingo Bueno2 min de lectura

Agua de pozo propio: cómo regamos 19 mil árboles

En el sur de Gran Canaria el agua no sobra. Casi 19.000 árboles no se riegan «cuando se puede»: hay que saber de dónde sale cada gota y cómo llega a la raíz, sin echar de más ni dejar una fila corta.

En Mogansol esa agua es de pozo propio. El riego es automático, con goteo y miniaspersión, y está pensado para dar a cada árbol lo que necesita.

Por qué el pozo importa

No dependemos de una red externa para regar la plantación. El pozo nos da un control directo sobre el recurso que mantiene la finca, y también una responsabilidad: usarlo con medida. En un clima como el de Mogán, el agua que se evapora o se va de lado no vuelve.

Regar de más no mejora el mango. Empapa un suelo que no lo pide y gasta un recurso escaso. Regar de menos se nota en el árbol, y luego en el calibre y en la cosecha. El punto está en el medio, y hay que vigilarlo.

Dos formas de llevar el agua al árbol

El sistema combina dos riegos, según lo que pide cada zona:

  • El goteo deja el agua en la raíz. Se pierde menos por evaporación y la humedad llega donde el árbol la usa.
  • La miniaspersión complementa el goteo donde el cultivo lo requiere. No sustituye al goteo: cubre otra necesidad, siempre con supervisión técnica.

Que sea automático no significa que funcione solo. El caudal, el horario y el estado de las líneas se revisan. Un gotero tapado en una fila de árboles se nota tarde si nadie mira.

Lo que el riego tiene que ver con la caja

El mango que llega a casa depende de este agua tanto como del sol o de la recolección. Sin un riego medido, el árbol no sostiene una cosecha de esta calidad año tras año.

Una finca que cuida el agua puede seguir cultivando en el mismo suelo durante mucho tiempo. Detrás de cada caja está también esa decisión: no malgastar la gota que hizo posible el fruto.