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Recolección manual: el porqué de hacerlo así

Domingo Bueno2 min de lectura

Recolección manual: el porqué de hacerlo así

En Mogansol hay casi 19.000 árboles repartidos en 21 hectáreas. A esa escala, en muchas fincas la cosecha ya iría sobre una máquina. Aquí seguimos haciendo lo contrario: cada mango se recoge a mano, uno por uno, como se hace desde que Don Domingo Bueno y Doña Daniela Marrero fundaron la finca en 1965.

No es nostalgia. Es la forma de no estropear en diez segundos lo que el árbol ha tardado meses en hacer.

El mango no perdona un golpe

La piel del mango parece firme y no lo es tanto. Un golpe, una caída o un apretón de más pueden marcarla y adelantar el deterioro, aunque al mirarlo en el árbol no se note. Por eso recoger no es solo llenar una caja. Es decidir, fruto a fruto, si ese mango está en su momento.

Quien lleva años en la finca lo ve enseguida:

  • El color y el tacto dicen si el fruto ha llegado a su punto.
  • Se corta con cuidado, sin tirones ni golpes contra la rama o la caja.
  • Lo que todavía no está se deja. Volver al mismo árbol al día siguiente forma parte del trabajo.

Una máquina puede ir más rápido. No distingue un mango listo de otro que necesita unos días más, ni trata igual uno que está en lo alto de la copa y otro que cuelga a la altura de la mano.

Del árbol al almacén, el mismo día

La recolección no termina cuando el fruto sale de la rama. En la propia finca sigue un recorrido corto:

  • Se limpia.
  • Se coloca con cuidado en cajas, en el almacén.
  • Entra en nuestras cámaras, a 14-16 °C.

Esa temperatura conserva la calidad sin empujar la maduración ni dañar la textura. Al tener las cámaras aquí, el mango no espera al sol de Mogán ni viaja sin frío hasta otro sitio: pasa del árbol a la cámara el mismo día.

Más manos, menos prisa

Hacen falta más personas, más tiempo y más paciencia que en una cosecha mecanizada. Cuando decidimos qué finca queríamos ser, pusimos la calidad del fruto por delante de la velocidad. Es una decisión de hace décadas y no la hemos cambiado.

Por eso, al abrir una caja de Mogansol, cada mango que hay dentro ha pasado por las manos de alguien que lo eligió pensando en cómo iba a llegar a tu mesa.